Papel mojado

Me llamo Ricardo y vengo de una ciudad de la costa andaluza: concretamente de Almería. No hace mucho hubo una gran fiesta: la de la patrona del pueblo justo el mismo día que nací yo, el 24 de diciembre. Todo el mundo dejaba el campo, los comercios, los bares… no, los bares no que si no se acababa la fiesta. Todo el mundo menos los de los bares dejaban los trabajos por un día y adornaban la ciudad: ponían guirnaldas por todas las calles, limpiaban y llenaban de lucecitas la plaza…

Cuando bajé a la plaza allí habían colocado 3 mesas. Los más pequeños del lugar se acercaban curiosos una a una e iban haciendo lo que correspondía a cada una. En la primera mesa había miles de papelitos de diferentes formas (con un pequeño agujero en un lado del papel que más de un niño se paraba a buscarle el significado) y un boli, de esos que pitan cuando te alejas 5 metros y que estalla cuando llegas a casa. Los chavales cogían el papel y escribían una palabra en él. Luego se dirigían a la siguiente mesa donde había miles de tiras rojas (como cordones), sin dejar de pensar para que servía el agujerito del papel. Al ver a una niña atar el cordón en el agujerito del papel el niño se daba cuenta. Así que llegó a la mesa y cogió un cordón rojo de dos puntas (porque si tiene tres es que has cogido más de uno y tienes que sacudirlo para que se desprenda). Tras atar el cordón de una forma (pues hasta que no llegas a los 12 años no aprendes más de dos formas de atar las cosas) se dirigían a la tercera mesa donde se encontraba una persona que hinchaba globos la mar de simpático, no porque los hinchara de una forma peculiar sino porque se tiró toda la mañana y me pareció simpático. Allí el hombre regalaba un globo hinchado de los miles que tenía y los niños anudaban el papelito que estaba atado al cordón en el globo. Algunos, poco hábiles, lo intentaban por el lado donde habían atado el papel, pero tras ver a la niña atarlo por el otro lado, desistían. Luego, se iban a un lugar indeterminado de la plaza (o determinado para ellos) y allí extendían el brazo y soltaban el globo mientras se quedaban mirando como subía y subía (con una cara de asombro que solo los niños pueden poner) hasta que lo perdían de vista. Luego, volvían a la primera mesa y cogían otro papel en el que escribían una palabra con el mismo boli que pita si te alejas y estalla cuando llegas a casa, cogían un cordón rojo y lo ataban en el agujerito (ya sin pensar) y se dirigían al lugar de la persona simpática (que seguía allí durante 8 horas porque no se había ido a almorzar) que les daba un globo el cual ataban; se iban al mismo lugar o a otro (porque la gente es así de caprichosa) indeterminado o no y con el brazo extendido soltaban el globo, quedándose de nuevo embobados viendo como subía y subía el globo hasta perderlo de vista (y con ellos algún padre que le daba al canabis). Así una y otra vez.

Pero hoy por hoy, la ley de extranjería esta fatal y es peor que la que había antes (la 2ª) y mucho más que la primera ley; y ya puestos, infinitamente peor que cuando no había ley y todo el mundo circulaba libremente de un lado para otro. El caso es que llegaron a las costas al día siguiente de la feria, unos inmigrantes en una patera (o eso era antes de naufragar) y debido a las bajas temperaturas ninguno sobrevivió y en la playa se hacinaban los cuerpos de los 4 inmigrantes muertos. Se formó un gran revuelo en el pueblo que pronto bajo a la playa a ver lo que pasaba. Cuando hube llegado pude ver perfectamente el desolador paisaje. Cuando alcé la vista de pronto pude ver como caían miles de papelitos atados a un cordón rojo. Papelitos que eran los que un día antes habían lanzado al aire todos los chavales del pueblo; papelitos que giraban sobre si mismos a gran velocidad mecidos por el viento y el cordón, al compás, tras del papel. Cuando cayeron y leí los papelitos encontré palabras tales como: felicidad, amor, esperanza, solidaridad… Algunos papeles cayeron en el agua, otros sobre la arena, pero todos, aquel día, eran papel mojado.

                Esto sucedió un día después de mi cumpleaños y de la fiesta de mi pueblo: un 25 de diciembre. ¡Feliz Navidad!

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3 pensamientos en “Papel mojado

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