Las velas.

 

¡La culpa la tiene Iberdrola! Eso es lo que me dice mi abuelo siempre que pasa algo. Que se quema la comida: “la culpa la tiene Iberdrola”; que el coche no quiere arrancar: “la culpa la tiene Iberdrola”; que se ha inundado del pueblo: “la culpa la tiene Iberdrola”; que se ha muerto Francisca, la madre de la Rascafría: “la culpa la tiene Iberdrola”. Y cuando dijo esto último ya tuve que preguntarle que por qué tiene la culpa Iberdrola, que cómo era en su tiempo las cosas.

El me contó que antes de que viniera la luz al pueblo todo era mejor. Antes, en su tiempo y sin luz, todo estaba regido por el Sol y cuando caía el manto de la noche, el Sol se guardaba en unas cajitas que alumbraban el camino: los farolillos. Todo el mundo tenía un farolillo y a costa de llevarlo se hacía suyo al caer la noche; tenías que ir a mear, pues con tu farolillo; tenías que ir a la cocina, pues con tu farolillo… todo lo hacías con el farolillo. Y cuando te ibas a dormir por la noche cogías la vela que hay dentro del farolillo (porque si no a ver quién duerme con semejante luz) y la dejábamos en el poyete de la ventana. Y he aquí: ¿cómo apagábamos la vela una vez metidos en la cama? Pues bien, con un beso. Uno de esos besos dulces que nos dábamos en la mano y, luego, con una suave bocanada de aire procedente de nuestra boca lo lanzábamos a la vela. Ésta no se apagaba, sino que el beso se llevaba la llama fuera de la ventana hacia la calle (así que ya os daréis cuenta de lo que jodido que era caminar a ciertas horas de la noche por la calle, cayéndote todas las llamitas del pueblo). La llamita era transportada (todo muy surrealista, pero así son los cuentos) por todo el pueblo hasta llegar a la casa del amado o amada y se posaba en la vela de éstos. Y si alguien no tenía amada o amado, la llama se dirigía a la casa de otra persona a la que se quisiese o en pos de una vela solitaria. Así, a la mañana siguiente todas las velas estaban encendidas. De este modo te levantabas corriendo para abrir la ventana y mirar a ver si alguien se había acordado de ti y te hubiera dejado un dulce beso de buenos días. Así, por la mañana, todo el mundo salía con una sonrisa de oreja a oreja a la calle y todo era mucho mejor: los problemas, las relaciones, el trabajo, las cositas cotidianas de la calle…

Ahora ya no hay velas en las ventanas y por eso la gente va con prisas y con mal humor: Se ha quitado esa llama y ese calido beso de buenos días. Quizá todo fuera mejor si, como en mi tiempo, nos dedicáramos los 10 primeros minutos de la mañana a sonreír.

 

Felix Albo

Anuncios

2 pensamientos en “Las velas.

  1. Unknown

    realmente precioso<lo que daria porque S me dejara un beso de buenos días>y es que estoy convencido de que la rutina no mata al amor, porque yo estuve despertandome a su lado demasiados dias y me parecieron tan pocos <que moriria por volver a vivir uno mas o quiza el resto de mi vida>

    Responder

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s