Juventud

 

            No me acordaba cuanto tiempo hacía que no me liaba un cigarrillo de estos pero no me estaba quedando tan mal. Después de prenderle fuego empecé a fumar. El ambiente se embriagaba por segundos de ese esplendido olor y a cada calada que le daba me venía con más fuerza una pregunta a la mente: ¿Por qué coño no legalizarán la marihuana? No quería ponerme a divagar en ese momento, más bien disfrutaba con el simple hecho de pensar que muchos como yo, sabemos donde conseguirla a buen precio, incluso llegar a cultivarla sin ningún problema.

            Salí de casa con la mente un poquillo tocada por la marihuana. Nada parecía como los otros días. La gente corría más que de costumbre (como si eso fuera posible); ¿cuánta prisa tendrán?… ¿para qué? Total, hace poco me dijeron que 40.000 personas habían muerto por la contaminación de la ciudad en un año. Quizá huyan de la ciudad me dije (empezando a desvariar), pero en menos que canta el gallo me contesté: no era posible, iban a trabajar, sus cabecitas tienen mucho miedo al cambio y están aborregadas. Quizá corren para no respirar demasiado el aire viciado; pues no, corren por miedo a llegar tarde al lugar donde son esclavizados. Tiene su gracia después de todo que prohíban fumar en lugares públicos (no pude contener una buena carcajada); no dejaba de imaginarme a los coches, edificios con chimeneas, fabricas, máquinas… a todo con grandes cigarros y tirando el humo a la cara de la peña. ¿Les pondrían zonas separados a ellos también?

            En éstas estaba cuando llegué al metro. Aún tenía un buen rato de viaje y los síntomas del canuto empezaban a aflorar con más ímpetu. La gente parecía estar en su cama, cuando no dejaban de estar en un asiento de plástico más duro que el hierro e incomodo de pelotas, pero aún así, la peña se dormía con mucha facilidad y yo porque iba fumado y con la sonrisa puesta, si no, era uno de ellos. La sonrisita debido a que unos niños que iban de malotes casi se pegan una buena contra el suelo y minutos antes se metían con un chaval (de su clase sería) que era algo inútil. La risa creo que les cortó un poco y debido a que yo era demasiado grande no dijeron nada. Pero se les veía en la cara que si pudieran me hubieran dado una escarmienta solo por reírme. Y no paras de pensar que eso es lo único que quiere la gente joven: hacerse imponer por la fuerza, que nadie se ría de ellos, pero ellos sí. Ahora me río yo pensando que algún día se encontrarán con alguna navaja clavada en su pecho.

            Vas mirando a la cara a esa gente que se dirige a trabajar y en muchos de los ojos a los que miro solo encuentro malestar. Muy pocos son los que van al trabajo que les gusta o que después de tanto tiempo les gusta. Su jefe, los ingresos, la hipoteca, el niño, la guardería, el fin del ejercicio, las metas… todo es un cúmulo que cohíbe la felicidad de aquellas pobres almas. Los miro y me siento feliz, no por su desgracia, sino por mi felicidad entre tanta mierda y poder alegrarme por las flores que crecen en la basura.

            Bajé del vagón y el aire que corría en la estación (por estar descubierta) me despejó un poco, pero no lo suficiente. Iba con la música a todo trapo, con una canción que hablaba de una manifestación antiglobalización, de un joven que es asesinado por la policía, del poder y la conciencia corrompida por éste, de no callarse… de todo aquello que la sociedad no quiere oír. Hacía un frío que cortaba el aire, pero el sueño no me dejaba apreciarlo; caminé hasta el lugar donde para la ruta que nos lleva a trabajar y siempre me quedo observando la fila de gente pegada contra la pared que va a coger el autocar que les lleva a su puesto de trabajo. Todos muy quietos, todos sin moverse y uno detrás de otro, como ovejitas que van a ser esquiladas para aprovechar antes de que sean carne de cañón todo lo que se pueda.  En ese momento sigo pensando en la vida y el modelo de vida que se impone: pasando frío para poder ir a trabajar a donde uno no quiere sino que puede para pagar una letra de la hipoteca que perdura durante una vida; con el miedo a que si uno es despedido se venga abajo toda una vida e ir con el agua al cuello. No dejo de pensar que la sociedad estamental sigue estando presente.

            Al acercarme alzo la vista por primera vez y veo a un jefe que espera en la ruta porque el coche en estas fechas no lo saca (justo cuando mejor se circula, pues todo el mundo está de vacaciones). Jefe que sin duda se levanta por las mañanas con ganas de hablar con alguien y no pueden reprimir su ansia. Y casi como si lo estuviera previendo me pongo los cascos y simplemente saludo con un “hola”. ¿Antisocial? No, simplemente por las mañanas no tengo ganas de hablar de tonterías.

Cosa que la gente no entiende y hablan y hablan… Empiezan por el tiempo, lo mal que está el tráfico, del por qué  una ruta no pasa… cosas que ya se repiten día tras día y donde se refleja la incomodidad de los seres humanos por estar callados y pensar, o simplemente estar callados.

            El camino hasta el trabajo se hace corto entre música y devaneos. Ya en la silla comienzo a escribir por no tener trabajo y ver a los que están arriba tocarse los huevos con edad casi de jubilarse. Y río por no llorar (o a causa del canuto) al escuchar que no saben que hacer en casa; si algún día se jubilan piensan que el tiempo les comerá… ¡Pues claro que sí!, por eso hay que comerse al tiempo y hacer todo lo que puedas. Pero no es por eso, es porque están muy cómodos sin hacer ni el huevo y tienen un sueldo suculento; si algún día se jubilan se verá reducido en parte, que para muchos de nosotros sería una fortuna, y para ellos sería impensable. Son egoístas, avariciosos… esa es su perdición, no el tiempo.

            Al termino de la jornada la música suena con más fuerza y sigue la juerga y las risas allá por donde camino (ya sin los efectos del canuto). Ves a la gente embotellada en atascos tras aguantar los de la mañana y las ocho horas de curro. Te ríes de la gente y su ignorancia: ¡somos demasiados, imbéciles, ¿queréis meteros los coches por el culo y coger el transporte público?! Y los poquitos que lo cogen se pegan por entrar primeros en el vagón (no ceden en su egoísmo) sin darse cuenta que se pueden sentar en el suelo y que se está la mar de a gusto. Mis canciones y mis palabras de “puta navidad” sorprenden a más de uno y acaloran a las viejecitas que escuchan mirando con desprecio. Pero no solo la navidad con su falsedad e hipocresía, sus compras compulsivas y su “buenos quehaceres por todo un año”; sino también el maltrato de género (olvidado casi al día siguiente de escuchar alguno), religión, política, diversión, legalización…

            Llegas a casa y sigues comiéndote el tiempo que a veces te falta, casi todos los días, haciendo aquello que te gusta más si cabe. Y por la noche voy al encuentro de aquella persona que como cada noche me espera para apreciar lo mejor de la vida, para conseguir una sonrisa sincera y cariñosa. Para abrazarnos en la distancia y sentir que estamos cerca. Para seguir aprendiendo a amar cada día más.

            Quizá no sea más que una triste historia pero que a mí me contesta muchas cosas: ¿por qué existen las drogas y no las legalizan?, ¿por qué es el mundo como es? y ¿por qué soy como soy?

            Pues no es muy difícil la contestación: porque cuando estas oprimido el único consuelo es tu diversión: las drogas en parte lo son. Éstas son prohibidas porque al contrario de lo que opina la gente también te hacen pensar, pero en realidad porque este sistema no te da otra alternativa de diversión; también les da miedo que pensemos mas de la cuenta. Así está el mundo, con gente que espera para ser enjaulado y sin hacer otra cosa por remediarlo, viendo como muere la gente y seguir comprando jodiendose un poco más la vida que tiene pensando que se le come el tiempo, pero ahora con el agua por encima del cuello.

            Yo seguiré fumando, bebiendo, riéndome de todo y molestando a quien se sienta molestado, pues no hay nada de malo en decir lo que nadie quiere escuchar o pensar un poco más lejos de lo que ellos quieren. La vida son dos días y no pienso joderme ni un minuto. Hoy soy feliz, mañana no me importa. Así soy y así es un día cualquiera…

 

(pq)

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Un pensamiento en “Juventud

  1. Litxi

    Hola cariñu! ju estás aquí detrás mio peinándome… juuu… imaginate por unos momentos una sonrisa eterna, un abrazo que jamás se acabe, nuestros ojos que jamás se dejen de mirar… unas pupilas iluminadas cada mañana por la luz de la personita que tenemos al lado…pq Te spun!

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