La Cenicienta que no quería comer perdices.

Cenicienta…. ¿alguien sabe quién es?

En verdad esa es la historia que siempre, siempre, siempre nos han contado. Pero… ¿sabéis que pasó luego?

 Volvamos a ese punto de inflexión: el día de la noche que Cenicienta quería ir al baile por encima de todo. 

Veía a todo el mundo salir, ir a fiestas, comprar vestidos, decir lo guapo que eran las otras personas por su pelo, sus ojos, sus vestidos…. Ella quería ir. Y ese hada madrina que siempre nos han contado pero que nunca nos dijeron el nombre. ¿sabéis como se llamaba?

Pues se llamaba Consuelo y de apellido Mismo. Pero le gustaba que le llamaran Consu. Así que Consumismo le dio esa opción a la cenicienta. Haciendola creer que era a lo que tenía que aspirar.

Y al final… fue. 

 Bueno… vaya nochecita esa. Vio al príncipe que era Alto, Fuerte y Guapo. La verdad que Cenicienta no se acordaba muy bien de la fiesta. Los zumos le provocaron una indigestión bastante grande, pero a las 12 del día siguiente se levantó. No se acordaba mucho.

Y de repente, llamaron a la puerta. Y dos personas muy amables ellas con cascos, porras y escudos le traían un zapato de cristal. 

Cenicienta como no se acordaba lo primero que hizo es negar que fuera suyo. Así que aquellas personas muy amables, como estaban acostumbradas a eso de hacer todas las comprobaciones necesarias por el bien de descubrir los hechos, ante la negación, pues le pidieron el DNI… digo le dijeron que se probara el zapato.

A todo esto, La Consu revoloteando alrededor de Cenicienta:

 

  • Pero mira que zapato!!! si es de cristal!!! seguro que de bohemia!! Pontelo!!!

 

-Pero no es mío – Cenicienta.

 

  • Bueno, ya veremos luego como lo solucionamos!!

 

Así que Cenicienta lo que hizo fue ponerselo. Pero ponerselo. Que no le entraba el zapato pero apretó apretó para que entrara.

Con más dolor que alegría le entró el zapato. En ese momento entendío por qué le dolían tanto los pies aquella mañana después de la fiesta.

 Aquellas dos personas, al ver que habían hecho bien el trabajo por persuasión. Pues recompensaron a la Cenicienta sacandole el otro zapato, metiendoselo a capón y llevandosela… no en un carruaje, sino en un furgón. Y por costumbre, pues con unas cuantas caricias antes de entrar para que se sintiera como en casa.

 Y así pasó. Que el premio de Consu era casarse con ese principie Alto, Fuerte y Guapo.  Guapo guapo… pues es lo que tiene la fiesta, esta hada madrina que nos han contado siempre que se llamaba Consu Mismo. Que no todo es lo que parece. 

 

Que tu te casas con un principe pero luego está la familia. A este por lo menos, solo le gustaba jugar con la nieve en polvo, pero tenía un cuñado que le gustaba jugar con el dinero de los demás, un rey que le encantaba dictar democrácias y cazar animales… que es por eso que a este principe de Cenicienta, le encantaban tanto las perdices. Y le hacía hacer a Cenicienta (para que se sintiera como en casa) que cocinara cientos y cientos para él. 

Pero a Cenicienta no le gustaban, ella era Vegetariana. Porque si son tan bonitas volando y siendo libres, para que matar tantas si luego se dejaba el principe la mitad en el plato. Y muchas de ellas terminaban en la basura en vez de para su pueblo.

 Y para colmo tenía que estar subidas en esos zapatos de cristal de Bohemia tooooooodo el rato. No sabía como colocarse. Si se ponía recta se caía para atrás, hacialos lados, a veces hacia detrás pero dando una voltereta hacia delante… algo imposible. Así que poco a poco se fue encorvando más y más hasta parecer un jorbado. Y por ahí, en esa chepa, se iban acumulando sus sueños e ideas.

 Tanto pesaba esa chepa, que se empezó a poner mala. Puesto que hacer aquello que no sentís, que no queréis hacer, si es a todas horas como estar sentados en clase durante 8 horas con historia, matemáticas, geografía… cuando quizá sentís la necesidad de correr o de jugar o de gritar… pues eso, ya de mayor, pasa factura. Y a cenicienta se la pasó y enfermó.

Le entró fiebre, depresión, perdida, duelo, rabia, intolerancia democrática…

 Y aquí… un pequeño parón. Es lo bueno que tiene contar historias. Porque ahora no seré yo quien continúe… puesto que todos en algún momento somos los que hemos sentido así. Así que pido que cerréis los ojos, pequeños y mayores y que recordéis la última vez que os sentísteis así. Y quien lo sienta, que lo diga. ¿Qué os da rabia y cuando fue?

Y al igual que vosotros y vosotras, la cenicienta no pudo más y se lo dijo a todas las personas.

  • Este principe es un rollooooooooooooooooooooo!!! Y los tacones y cocinar perdices!!!!

 

Pero aquellas que no lo habían soltado nunca le dijeron: 

 

  • No te quejes, que has vivido por encima de tus posibilidades.
  • No te quejes que mira como estoy yo en unas plataformas de 2 metros porque mi principe es moderno.
  • Buah!! y el mío que es más de campo que las orugas y le encantan las vacas.
  • Hasta su madre le decía: ¿dónde vas a estar mejor?

 Un día andando por la calle con el carro a cuestas… yendo a por las perdices se encontró con un amigo de la infancia, ese que siempre estaba por el establo limpiando a los caballos y le dijo:

 ¿Pero Cenicienta?, ¿a ti no te gustaban los animales, eras vegetariana y te encantaba ir descalza por todos los lados?

 Pero casi no prestó atención. Era como una voz que se escuchaba en la lejanía. Y aunque la quisiera agarrar… desaparecía. 

 Cuando llegó a la carnicería a por perdices… allá estaban las otras princisesas. La moderna, la del campo, su madre, la vecina del cuarto, la abuela viuda….

 Y aquí llega el segundo parón.

Quiero que cerreís de nuevo los ojos. Y de lo que habéis dicho antes que os daba rabia. Que busquéis lo que sentís cuando os pasa, que intentéis sentir eso y cuando cuentre tres, cojáis ese sentimiento y lo saquéis en forma de grito: grande, pequeño, largo, fuerte, débil… como queráis.

 

1, 2, 3… Grito.

 Y fue allá, en esa tienda cuando se vio a ella misma. De otra forma, más mayor, más joven, con otra persona a su lado… pero la realidad le estaba mostrando como era ella. Y comprendió que la única forma de ayudarla, era ayudándose a ella misma. 

Y fue entonces cuando apareció el Hada Basta. Un hada que tenemos muy dentro de nosotros, esa que no queremos oír, pero que sabe perfectamente como nos encontramos. Quizá no sea alta, rubia, esbelta. Pero sí es el Hada que más nos quiere. Porque siente todo lo que nos pasa.

 Y nada más aparecer, éste hada no la dijo nada, simplemente la abrazó. Y cenicienta rompió a llorar.

 acía tanto que no lloraba que de sus lagrimas  salieron todos esos recuerdos: el principe, las perdices muertas, los tacones, su madrastra cuando la maltrataba, su padre que la trataba peor al no hacerla fuerte, sus hermanos que casi mueren por un desalojo de la comunidad, por aquel dibujo que le rompieron cuando no tocaba hacerlo… lloró incluso por dos vidas anteriores … por si acaso, para no repetir karma..

 

Y tras ello, se sintió vacia. Con el miedo que nos da a todos sentirnos vacios.  Pero lo que sintió es ligereza, es que podía meter lo que quisiera dentro de ella, lo que quería realmente.

 

Así dejó al principe, las perdices, los zapatos… todo y se fue.

Descubrió que lo primero que quería hacer era cuidarse, ese cuerpo maltrecho. Y se fue a bailar que tanto le gustaba, pero sin zumos y por el día. Y poco a poco se le fueron juntado la princesa moderna, la del campo, blancanieves, caperucita, pinocho, el rey león, aladín…. incluso yo estuve con ellas.

 

Sintió esa libertad de poder hacer lo que quisiera y como de dentro iban brotando sueños que se iban convirtiendo en realidad.

 

Montó un restaurante vegetariano “Me sobra armonía”.

Y era un sitio que a parte de comer también podían bailar y compartir con los demás.

 

Por fin se sintieron encantadas de verdad, no como en todos esos cuentos que esperaban a alguien para pedir la mano o las rescataran. Eso ya se acabó. Un nuevo cuento había comenzado:

 

Erase una vez mujeres y hombres que no estaban solas, que se entendía. Y unas perdices que volaban con otras perdices.

 

¿Fin?… Noooooo porque las historias no acaban nunca, al igual que la vida. Aún les va de maravilla y si queréis ir, hay muchos sitios en la ciudad para compartir con esas princesas y principes que han despertado. Os invito a ir.

 

Y para todas aquellas mujeres que no conocen a ese Hada Basta… decídselo y compartirlo. Que la busquen y que la llamen gritando si hace falta ¡BASTA! Y comiencen a compartir, no lo que ven fuera, sino lo que siente dentro.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s